¿Qué nos pasa? Una víctima por cada cien victimistas

Hace tiempo que vengo observando que la humanidad no valora lo que tiene. Qué básicos sois. Si pudierais mimar cada detalle, cada regalo que nos da la vida… Al final del día, cada uno se toma las cosas como quiere. Y esto es así, no busques más excusas para justificar tus estados de ánimo. Dicen que quien está triste es porque quiere. Estoy de acuerdo. No me vengas con eso de “es que la vida me ha dado tantos palos…”. Pues tienes dos opciones: llorar o hacerte una cabaña. Tú eliges si prefieres emocionarte con lo que te toca o autocompadecerte.


Tras una exhausta investigación de casi cinco minutos, las conclusiones obtenidas (así, a ojo) han sido reveladoras: existe una víctima por cada cien victimistas. ¿Y por qué? Mi teoría es que vivimos en una zona de confort demasiado amplia. No soportamos el dolor o el silencio. Y no nos damos cuenta de que a veces es bueno no tener nada que decir. Todo nos parece un drama. Cerramos los ojos un momento y ya lo llamamos soledad. Más

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Cuando la luz remite

Un flash apuntándote a la cara te trae de vuelta a la realidad. A una confusa realidad de la que nada te resulta familiar. Otro flash.

Miras a tu alrededor en busca de algo que puedas reconocer. Estás rodeado de mucha gente que nunca has visto y que te impiden mirar la habitación donde te encuentras. Más flashes. Más

Deshojando flores

No suelo recordar lo que sueño. Tampoco lo intento, nunca tuve buena memoria. Pero ese sueño fue diferente a los demás. Quizás porque parecía mucho más real que otras veces.

Caminaba por un edificio de oficinas lleno de gente. Todo el mundo vestía con chaqueta y corbata y parecían tener más prisa que la que se podían permitir. Las mujeres se esforzaban por correr más rápido sin perder el equilibrio por aquellos tacones de alturas que podrían considerarse tortuorias. De vez en cuando me cruzaba con algún hombre que caminaba mucho más despacio que el resto, encorvado, como si el peso de sus responsabilidades le obligara a moverse de esa forma. Otros iban por el pasillo haciendo eses como quien se ha entregado a la bebida, mendigando los resquicios de su dignidad perdida. Más

Pedagogía de lo pequeño

Imaginad que alguien en vuestra casa sólo llora, come, duerme y va al baño. Seguramente todos estáis pensando en los mismos adjetivos para condecorar a semejante inútil. Ahora imaginad que esa persona es un bebé de tres meses. La cosa cambia, ¿eh? Y es que a las cosas pequeñas las aguantamos mejor. Hasta las preferimos. Más