Cruzando los dedos

En realidad nunca supe lo que quería pero ese día lo tuve claro. A las 9 de la mañana ya tenía a mi madre quitándome las mantas y animándome efusivamente a que recogiera mi habitación. De paso, decía, ordena tu armario. Miré mi leonera. Creo que fue en ese momento cuando decidí vestirme con lo que fuera, combinara o no. ¿Quién decía que el rojo y el rosa no debían ir juntos? ¿Por qué no puedo llevar puestos siete colores distintos? Supongo que en ese momento me sentí, más que nunca, esclava de mi cultura. Más

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Memorias de un niño viajante

“Cuánto falta”, “qué hora es”, “falta mucho” y derivados nos estaban dando dolor de cabeza. Llevábamos tan sólo dos horas de viaje y no había parado de preguntarlo.

– Isa, todavía quedan como seis horas, así que no lo vuelvas a preguntar hasta que comamos.

Por supuesto, sólo consiguió contenerse unos diez minutos antes de volver a la carga. Tratábamos de entretenerla con juegos que nos inventábamos o que le gustaban a ella. Jugamos a uno que consistía en pensar un personaje de Disney y que el resto lo adivinara. Las cincuenta primeras veces que Isabela jugó, el personaje que pensó ella fue Minnie. Al cansarnos y decirle que tenía que ser un poquito más difícil, decidió escoger a una de las jirafas que salen durante el “achigüeña” del Rey León. Por supuesto, nadie pudo adivinarlo. Más