Minicuento de terror: el último Rey

En una realidad muy lejana a la nuestra que jamás seremos capaces de comprender, existía un amago de país. La gente de aquel lugar tenía una característica conocida y reconocida por todos los territorios vecinos: no podían parar de quejarse. Hasta el punto de llegar a convertirse en motivo de competición entre ellos. Pongamos un ejemplo:

– Estoy harto de estudiar y que me salgan fatal todos los exámenes.

– Eso no es nada. A mí me han salido fatal los exámenes de mis últimos 7 años de vida, así que no tienes derecho a quejarte.

Era como una enfermedad mal curada. Con todo, el reino era apreciado por sus vecinos. Quizá ese victimismo que impregnaba cada aspecto de la vida de los paisanos les hacía parecer más vulnerables a ojos extranjeros. Ese rasgo en su carácter que les hacía transitar entre la bipolaridad y el turismo emocional les hacía realmente exóticos.

Un día, el Rey decidió abdicar. Como era de suponer, después de la siesta -esa era una norma de carácter casi constitucional- se reunieron para exigir un cambio más profundo del que se les estaba ofreciendo: pedían un reino sin Rey. Tras perezosas intervenciones, descansos y demás pausas para el café, lograron ver su objetivo cumplido. La República se había instalado en sus vidas. Más

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Sin miedo al voto en blanco

A veces parece que habría que eliminar los dos partidos políticos más fuertes de España y convocar elecciones. Se considera que en España ya no se puede votar fuera de ellos por considerarlo un absurdo. Se le tiene miedo a entregar un voto en blanco porque siempre irá a algún partido que no nos agrade. Da la impresión de que nuestros votos acabarán siempre con los mismos, queramos o no. Hemos sido los propios españoles los que hemos propiciado este bipartidismo de “tal año le toca al PP y el siguiente al PSOE” con nuestras falsas conclusiones. Por conformarnos con lo que la clase política nos ofrece. Luego, si nos molestamos en preguntar a la gente, te dirán que no se sienten representados por ninguno de los dos. Y es que seguro que habremos oído millones de veces (incluso alguna vez nos habremos sentido tentados a decirlo) eso de “voto al menos malo”. Más

“Divide y vencerás”: Sobre el marketing político de la huelga general

El 14 de noviembre, España pudo presenciar la octava huelga general en su historia de democracia. Gracias a Dios, tenemos ese derecho de manifestarnos de esta forma y poder mostrar nuestra disconformidad ante las acciones del gobierno.

Personalmente, pienso que esta huelga no tiene mucho sentido: no se puede gastar donde no hay y España lleva demasiado tiempo viviendo por encima de sus posibilidades. Creo que cualquier política que se aplique, al menos por ahora, no será muy popular.  Más