Cruzando los dedos

En realidad nunca supe lo que quería pero ese día lo tuve claro. A las 9 de la mañana ya tenía a mi madre quitándome las mantas y animándome efusivamente a que recogiera mi habitación. De paso, decía, ordena tu armario. Miré mi leonera. Creo que fue en ese momento cuando decidí vestirme con lo que fuera, combinara o no. ¿Quién decía que el rojo y el rosa no debían ir juntos? ¿Por qué no puedo llevar puestos siete colores distintos? Supongo que en ese momento me sentí, más que nunca, esclava de mi cultura. Más

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