Cómo correr más rápido que la vida

Yo miraba a mi abuelo mientras conducía. Pareciera como si no fuera consciente de la velocidad que estaba tomando el coche mientras recorríamos La Castellana. Había puesto una emisora de música folklórica y tradicional. La disfrutaba tanto que, cada minuto que pasaba, subía un poco más el volumen de la radio. Llegó un momento en que no se escuchaba nada del bullicio de la calle.

En uno de los semáforos en rojo en que tuvo que parar, me miró con curiosidad y me dijo:

– Tú eres periodista, ¿no?
– Sí, abuelito.
– Pues vamos a oír un poco las noticias, que seguro que te gustan.

Reconozco que mi cabeza no iba a ser capaz de asimilar más boleros mejicanos, así que agradecí el gesto. No quería ni pensar en qué me habría hecho escuchar en el caso de que le hubiera contestado que estudiaba Empresariales.

Tras comprobar el contenido de tres emisoras que tenía grabadas en su radio, seleccionó una en que se escuchaban a varios tertulianos hablando sobre política. Yo veía que mi abuelo asentía cuando los locutores mostraban su aprobación hacia algún tema. Cuando alguno hablaba sobre un tema que le hacía sentir enfadado, mi abuelo se enfadaba también.

A los diez minutos de lo que fue la tertulia más soporífera de toda la historia, le tomaba el pelo diciendo que su emisora era un panfleto cutre y le animaba a escuchar “un debate de verdad en que no todos estuvieran de acuerdo”.

Él me miró y me dirigió una sonrisa cansada. De repente, fui capaz de ver cada año que había pasado sobre él. El nacimiento de cada hijo, de cada nieto, de cada cana en su cabello.

– Llegará un momento en tu vida en que no tendrás fuerzas para comparar perspectivas porque ya habrás forjado tu propia opinión sobre los temas esenciales. ¿Para qué iba a escuchar algo que ya no me aporta nada?

En silencio, pensaba en cómo correr más rápido que mi vida y postergar ese momento.

Anuncios

Sobre las entrevistas de trabajo: Perdona que te interrumpa, pero es que no te he preguntado nada.

Reconozco que soy del tipo de personas que detestan las entrevistas de trabajo. No me gusta venderme: lo que hay es lo que ves. Punto. Sin embargo, tenemos la manía de comer y a veces no tenemos más remedio… Y así estaba yo.

Tras la primera semana buscando trabajo, enseñaba a mis amigos mi perfil de LinkedIn:

– Míralo. Pero míralo bien. Dime: ¿Tú me contratarías DE ALGO?

Esa era yo tratando de convencerme de que alguien ALGÚN DÍA me contrataría de ALGO. Pero, realmente, nadie sabe qué responder cuándo te preguntan eso. Así que te empiezas a preparar para las entrevistas de trabajo que -esperas- serán muy pronto. Más

Los insultos recomendados para este verano de 2014

Muchos de vosotros estaréis de vacaciones o habéis vuelto de un merecido (o no) descanso. Puesto que el verano llegó a su ecuador, no quería dejar pasar la oportunidad de hacer unas pequeñas recomendaciones. Me he dado cuenta de que todos los demás blogueros lo hacen: que si libros para el verano, películas para el verano, playas que visitar, looks de moda… Y considero que soy una persona suficientemente práctica como para aportar mi granito de arena en el asunto en algo que -seguro- encontraréis mucho más útil.

Seguro que alguna vez habéis tenido la necesidad de soltar algún insulto pero, como había niños delante, no pudisteis expresaros con toda la pasión deseada y la potencia que el momento requería. O quizá tu elegancia y finura no te permiten utilizar cierto tipo de palabras… Y yo soy de la escuela que piensa que todos deberíamos poder describirnos con un solo insulto. Bien, pues aquí traigo una lista de palabrotas que ni son palabras ni son ná. Así que se pueden usar con cualquier tipo de público. Han sido artesanalmente elaboradas por hermanos y primos, quienes han dedicado -prácticamente- toda una vida al estudio de las palabras malsonantes. Aquí os dejo un pequeño listado: Más

Cómo un tomate puede arruinar un domingo

Mi madre siempre quiso tener un huerto. Desde donde alcanza mi memoria, es una idea que siempre rondó por su cabeza. Lo que nadie imaginaba eran las consecuencias que traería esa tarde de domingo.

Yo seré muchas cosas, pero paciente no es una de ellas. Así que la idea de crear un huerto, plantar Dios-sabe-qué allí y tener que esperar a que crezca aquello… no. No moría de ilusión con el plan. Así que mi madre embaucó a mis tres hermanas pequeñas y las convenció para que cada una plantara su propia tomatera. Escogió una esquina de la parcela cuya tierra habría desquiciado a cualquier geólogo autorizado en la materia de “piedras donde no plantar tomates”. Con todo, eso no fue problema para iniciarse en el tema. Mis hermanas, locas por tener cualquier tipo de propiedad privada –aunque fuera un tomate–, se unieron en la labor. Más

Conversaciones de madrileños en el transporte público

– Sí, que el Príncipe está muy preparado ya lo sabemos todos. Pero, ¿por qué yo no puedo tener la formación que tuvo el Príncipe también? ¿No es injusto que sólo él tenga ese privilegio? ¡Yo también quiero formarme así! ¿Quién se creen que son?
– Pues… supongo que se creen… [pausa dramática] …¿la realeza?

Por qué no se debería hablar a primera hora de la mañana

– Hoy te puedo acercar a la Castellana si quieres, que no habrá mucho atasco.
– ¡Gracias, Papá! ¿A qué altura puedes dejarme?
– A la altura del suelo.
– Gracias Papi.

Memorias de un niño viajante

“Cuánto falta”, “qué hora es”, “falta mucho” y derivados nos estaban dando dolor de cabeza. Llevábamos tan sólo dos horas de viaje y no había parado de preguntarlo.

– Isa, todavía quedan como seis horas, así que no lo vuelvas a preguntar hasta que comamos.

Por supuesto, sólo consiguió contenerse unos diez minutos antes de volver a la carga. Tratábamos de entretenerla con juegos que nos inventábamos o que le gustaban a ella. Jugamos a uno que consistía en pensar un personaje de Disney y que el resto lo adivinara. Las cincuenta primeras veces que Isabela jugó, el personaje que pensó ella fue Minnie. Al cansarnos y decirle que tenía que ser un poquito más difícil, decidió escoger a una de las jirafas que salen durante el “achigüeña” del Rey León. Por supuesto, nadie pudo adivinarlo. Más

Anteriores Entradas antiguas