¿Qué nos pasa? Una víctima por cada cien victimistas

Hace tiempo que vengo observando que la humanidad no valora lo que tiene. Qué básicos sois. Si pudierais mimar cada detalle, cada regalo que nos da la vida… Al final del día, cada uno se toma las cosas como quiere. Y esto es así, no busques más excusas para justificar tus estados de ánimo. Dicen que quien está triste es porque quiere. Estoy de acuerdo. No me vengas con eso de “es que la vida me ha dado tantos palos…”. Pues tienes dos opciones: llorar o hacerte una cabaña. Tú eliges si prefieres emocionarte con lo que te toca o autocompadecerte.


Tras una exhausta investigación de casi cinco minutos, las conclusiones obtenidas (así, a ojo) han sido reveladoras: existe una víctima por cada cien victimistas. ¿Y por qué? Mi teoría es que vivimos en una zona de confort demasiado amplia. No soportamos el dolor o el silencio. Y no nos damos cuenta de que a veces es bueno no tener nada que decir. Todo nos parece un drama. Cerramos los ojos un momento y ya lo llamamos soledad.

Ni la historia de nuestra vida es una maldita cosa tras otra ni todos los días son iguales. Quizá el que no es distinto cada día eres tú. ¿Y qué hay de ese ambiente tan apático que se está extendiendo en el que debemos ser indiferentes ante todo (algunos llaman a eso tolerancia de forma muy equivocada)? Porque una cosa es no dejarte guiar por los prejuicios y otra muy distinta es afirmar no tenerlos. Cualquier persona que se cuestione mínimamente las cosas los tiene. Y si crees que no, háztelo mirar porque lo mismo es que estás un poco muerto por dentro. No seas de los que pasan el día con los ojos cerrados para que nadie les pregunte en qué piensan.

Así que, cuando sientas que todos los días son iguales y quieras algo que te ayude a construir un carácter fuerte y sólido, hay una fórmula muy sencilla. Se resume en una sola frase que deberás gritar al mundo:

Señores, esto se ha acabado. Hagan el favor de ir saliendo uno por uno de mi zona de confort.

Y no tengas miedo a sufrir. No tengas miedo a quedarte solo. Porque ése es el momento más precioso de tu vida. Por fin un momento de intranquilidad. ¿Qué nos deparará el fracaso? A lo mejor el vaso está medio vacío porque nos lo estamos bebiendo. Pregúntate qué quieres ser cuando dejes de tener miedo. Así que vivamos y que pase lo que tenga que pasar.

¿Dices que es duro? Dura sería la vida sin un tupper.

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