Come. Reza. Googlea.

Hay dos cosas totalmente imprescindibles en este planeta: el helado de chocolate de Mercadona y Google. Otro día hablaremos del helado de chocolate. Vamos con lo segundo.

Internet nos ha cambiado la vida. Nuestra forma de hablar, de pensar, de bromear, de tratar a los demás, de comportarnos… Ahora todos somos escritores, filósofos, asesores políticos… Básicamente, Internet nos ha dado el carnet de expertos en todo. ¡Hay que ver qué mal hace las cosas Obama! ¡Si yo fuera presidente del planeta tierra esto lo solucionaba en medio minuto!

Cualquier cosa que se te ocurra, Google-todopoderoso te lo cuenta. Y tú -como buen googleasta- lo comentas en Twitter como si siempre hubieras estado interesado en ello. Y, claro, descubres 200 followers nuevos que son aún más tontos que tú que se creen todo lo que sacas de Wikipedia. Publicas un libro con tus tuits y luego te conviertes en gurú sobre las miraditas que se echan las gambas antes de comer plancton. Esperad, ¿comen plancton? ¿Qué leches comerán las gambas? ¿Debería googlearlo antes de publicar el post?

Yo soy una persona que valoro infinitamente a la gente que sabe cuándo molesta. Y es que existe un tipo característico de individuos que hacen preguntas como si no tuvieran Google. No me apetece compartir el planeta con semejante gente. Es decir, ¿si tienes Google para qué me preguntas? ¿Exactamente qué crees que voy a hacer yo antes de contestarte? Hasta mi hermana pequeña cada vez que hace una pregunta que no sabemos responder, nos dice: pregúntale al Internet. Tiene 7 añitos y ya ha captado el modus vivendi. Calla, Mari. Qué movida. Y estoy totalmente en contra de la pena de muerte pero, coñetas, ya les vale… Respira.

Pues eso, que estamos viviendo tiempos apasionantes gracias a Internet. ¿Recordáis el OLA K ASE? Insustituible en nuestras conectadas vidas. ¿Y qué hay de esas tropecientas mil actualizaciones que nos facilita esta herramienta? Este verano tenía tanto tiempo libre que me he debatido entre viajar por toda América Latina o actualizar Windows. ¡¡Aaah, la tecnología!! Yo -como buena hija de mi tiempo- disfruto con cualquier detalle. Como cuando el autocorrector de mi móvil me cambia la palabra “quiero” por “útero”. Tan creativo. En fin… ¿por qué hará eso?

Y luego tenemos las redes sociales. Más prescindibles que Google, evidentemente. Pero todo el mundo necesita contar todo lo que acaba de leer. Estoy convencida de que Google no sería tan amado y ni tan respetado sin portales donde poder dar utilidad a lo aprendido. Lamentablemente, esto hace que acabemos convirtiendo a redes como Twitter en el mayor vertedero de demagogia del mundo. Pero… (suspiro). Como compensación nos llega la poesía tuitera. ¿O es que hay algo mejor que frases como Mi mejor selfie lo vi en tus ojos? ¿Eh? ¿Qué me decís de eso? ¡Tanto talento oculto!

¡Qué cosas tiene Internet! Os doy las claves para salvar el cosmos y nadie me hace caso. Sin embargo, publico cualquier chorrada y me encuentro con más de 500 visitas en una hora. Ni que fuerais españoles, oye.

 

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