Sobre los perfiles de LinkedIn y otros animales

Antes de nada, quiero aclarar algo: no es que me pase las horas contemplando las fotografías de los demás en LinkedIn, pero reconozco que en esta última semana he tenido que ver más perfiles de los que todas vuestras vidas juntas han visto. Esto me ha llevado a replantearme el uso de mi cuenta… ¡Ahhh! ¡¡tantas buenas ideas para una vida tan corta!! Es mi deber como bloguera compartir algunas de mis conclusiones tras un análisis exhaustivo de estos extensos spots publicitarios LinkedInnianos:

Comencemos con la foto. Es importante. Ya no se llevan esos flashazos de imágenes creadas contra la pared. No, queridos. Lo que está en la onda son sonrisas democráticas de estudio. Ni muy serios (a no ser que busques trabajo como asesino a sueldo, que everything is possible in this life) ni muy sonrientes (no querrás que piensen que eres “demasiado happy” y que andas siempre riéndote, ¿no?). Como diría el sabio que vive en mi mente creando pensamientos paralelos: “In the middle is the virtud“. Más

Anuncios

Cómo un tomate puede arruinar un domingo

Mi madre siempre quiso tener un huerto. Desde donde alcanza mi memoria, es una idea que siempre rondó por su cabeza. Lo que nadie imaginaba eran las consecuencias que traería esa tarde de domingo.

Yo seré muchas cosas, pero paciente no es una de ellas. Así que la idea de crear un huerto, plantar Dios-sabe-qué allí y tener que esperar a que crezca aquello… no. No moría de ilusión con el plan. Así que mi madre embaucó a mis tres hermanas pequeñas y las convenció para que cada una plantara su propia tomatera. Escogió una esquina de la parcela cuya tierra habría desquiciado a cualquier geólogo autorizado en la materia de “piedras donde no plantar tomates”. Con todo, eso no fue problema para iniciarse en el tema. Mis hermanas, locas por tener cualquier tipo de propiedad privada –aunque fuera un tomate–, se unieron en la labor. Más

Conversaciones de madrileños en el transporte público

– Sí, que el Príncipe está muy preparado ya lo sabemos todos. Pero, ¿por qué yo no puedo tener la formación que tuvo el Príncipe también? ¿No es injusto que sólo él tenga ese privilegio? ¡Yo también quiero formarme así! ¿Quién se creen que son?
– Pues… supongo que se creen… [pausa dramática] …¿la realeza?

Cover: I see fire, de Ed Sheeran

Os dejo un cover que hice con mi hermano hace unas semanas. Es de el gran Ed Sheeran y la canción se llama I see fire. Fue compuesta para la segunda parte de la película El Hobbit… es un temazo. ¡Ah! ¡Y no hace falta que os diga que os fijéis en lo espectacularmente bien que toca la guitarra mi hermanito!

Minicuento de terror: el último Rey

En una realidad muy lejana a la nuestra que jamás seremos capaces de comprender, existía un amago de país. La gente de aquel lugar tenía una característica conocida y reconocida por todos los territorios vecinos: no podían parar de quejarse. Hasta el punto de llegar a convertirse en motivo de competición entre ellos. Pongamos un ejemplo:

– Estoy harto de estudiar y que me salgan fatal todos los exámenes.

– Eso no es nada. A mí me han salido fatal los exámenes de mis últimos 7 años de vida, así que no tienes derecho a quejarte.

Era como una enfermedad mal curada. Con todo, el reino era apreciado por sus vecinos. Quizá ese victimismo que impregnaba cada aspecto de la vida de los paisanos les hacía parecer más vulnerables a ojos extranjeros. Ese rasgo en su carácter que les hacía transitar entre la bipolaridad y el turismo emocional les hacía realmente exóticos.

Un día, el Rey decidió abdicar. Como era de suponer, después de la siesta -esa era una norma de carácter casi constitucional- se reunieron para exigir un cambio más profundo del que se les estaba ofreciendo: pedían un reino sin Rey. Tras perezosas intervenciones, descansos y demás pausas para el café, lograron ver su objetivo cumplido. La República se había instalado en sus vidas. Más