Memorias de un niño viajante

“Cuánto falta”, “qué hora es”, “falta mucho” y derivados nos estaban dando dolor de cabeza. Llevábamos tan sólo dos horas de viaje y no había parado de preguntarlo.

– Isa, todavía quedan como seis horas, así que no lo vuelvas a preguntar hasta que comamos.

Por supuesto, sólo consiguió contenerse unos diez minutos antes de volver a la carga. Tratábamos de entretenerla con juegos que nos inventábamos o que le gustaban a ella. Jugamos a uno que consistía en pensar un personaje de Disney y que el resto lo adivinara. Las cincuenta primeras veces que Isabela jugó, el personaje que pensó ella fue Minnie. Al cansarnos y decirle que tenía que ser un poquito más difícil, decidió escoger a una de las jirafas que salen durante el “achigüeña” del Rey León. Por supuesto, nadie pudo adivinarlo.

Cuando ya nos quedaba un cuarto de hora para llegar, mi hermana volvió a preguntar:

– ¿Cuánto falta?

– Ya no queda casi nada Isa, ya estamos llegando. – Respondió mi madre, pacientemente.

– Ya, pero dime cuánto falta. – Insistió Isa.

– Un cuarto de hora, más o menos.

Isabela se quedó pensando durante unos instantes antes de preguntar:

– Y eso, en segundos, ¿cuánto es?

Mi hermano mayor le miró riéndose y le contestó muy seguro:

– 2554 segundos.

Todos mirábamos expectantes la reacción de la pequeña ante esa respuesta. Sin embargo, ella frunció el ceño y le contestó:

– ¿Me los cuentas tú? Yo sólo sé contar hasta 100.

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