Pedagogía de lo pequeño

Imaginad que alguien en vuestra casa sólo llora, come, duerme y va al baño. Seguramente todos estáis pensando en los mismos adjetivos para condecorar a semejante inútil. Ahora imaginad que esa persona es un bebé de tres meses. La cosa cambia, ¿eh? Y es que a las cosas pequeñas las aguantamos mejor. Hasta las preferimos.

Creo que no conozco a nadie que le cueste más que a mí levantarse por la mañana. Suelo poner el despertador 40 minutos antes de la hora en que pretendo levantarme porque soy incapaz de hacerlo a la primera. Sin embargo, hoy me he despertado diez minutos antes de que sonara el despertador. No tenía sueño y me he levantado a la primera. Parece una tontería, pero ésa es una de las cosas pequeñas que me han alegrado el día.

Cuando, al final del día me paro a pensar en aquellos regalos que he recibido… siempre puedo sacar más de diez. Siempre me pregunto porqué no me daré cuenta cuando los estoy viviendo. ¿Por qué no les damos la importancia que tienen? Supongo que esperamos algo grande y evidente… ¿Por qué? ¿Para qué? Si los mejores recuerdos que se tienen, lo que al final recordaremos entre risas sobre “aquellos años” son los pequeños detalles que no valoramos en su momento.
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