Zalamea

Miraba el arco de la entrada y dudaba. No sabía si aquello había sido buena idea. Era una mañana preciosa, el segundo día del año. Los pájaros cantaban alto y dulce. Todavía había rocío en las plantas. Todo estaba verde, de un verde muy intenso. Como si alguien hubiera coloreado cada hoja de cada flor. Quizás hubiera apreciado todo eso mucho más de haber sido otras circunstancias.

Toda mi familia estaba en la entrada de aquel lugar. Las gafas de sol pensé, se me han vuelto a olvidar. Paré un segundo para respirar hondo y mostrar mi mejor sonrisa. Notaba el nudo en la garganta. Sabía que si alguien me hacía la pregunta, echaría a llorar. Así que me limité a decir “bien” mientras saludaba a todos. Más

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