Un sueño

Sentada en la orilla del mar, con un vestido de gasas y el pelo largo ondeando como una bandera alrededor de su cara. Miraba hacia el infinito. No serían más de las once de la noche pero estaba oscuro, aunque la luna se reflejaba en el inmenso mar. Estaba en trance, dejándose llevar por el sonido de las olas. Oía murmullos de gente hablando y divirtiéndose por el paseo marítimo, detrás de ella. Ajena a todo, en su momento y lugar favorito, ya sabía lo que iba a pasar. Eso ya lo había vivido antes. Sólo esperaba a que sucediera. Cerró los ojos. Notó que alguien le miraba y los abrió de golpe. Delante de ella había un chico, no mucho mayor que ella. Asintió al desconocido: sabía que vendría.

– Nadie sabe quién eres. Muestras lo que quieren ver. –Acusó el chico.

– Yo muestro lo que soy. Es la gente que lo interpreta como quiere.

Misma conversación, mismo lugar, misma gente. Todo igual. Todo, salvo el silencio que precedió. Frunció el ceño esperando algo, una señal o algo que le confirmara que, efectivamente, esa vez iba a ser diferente.

Más silencio.

Le miró y el desconocido sacó un espejo y lo puso delante de ella. Ella, curiosa, se miró.

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