Inexistente

Este verano leí un libro de Laura Gallego. Era una historia sobre los ángeles y los demonios y decía que era muy difícil distinguir un ángel de un demonio. Los ángeles eran siempre buenos, pero los demonios podían fingir ser encantadores para así poder engañarte. La única forma que había para distinguirlos era estando en el borde de un precipicio: si te tiraba por él, era un demonio, si te agarraba para que no te cayeras, un ángel.

Después de leer este libro, soñé con esa situación muchísimas veces. Pero el ángel o el demonio eran amigos míos. Pensé en la cantidad de veces que se nos presenta esa circunstancia en nuestra vida y en la que se ve quiénes son amigos y quiénes no. Más

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Alma blanca

Sencilla, alegre y, tal vez, algo reservada. Siempre llega tarde o demasiado pronto a los sitios. No existen los horarios para ella. Desordenada aunque responsable. Vive en su mundo, protegida y querida, donde poca gente puede hacerle daño. Aunque le echen a la calle, aunque le griten sin motivo, ella sigue igual y tan distinta cada día.

Ella es como el agua, adaptable. Hace amigos allá donde va sin importarle la condición, las creencias, la ideología o el aspecto. Pero, como el agua, nunca pierde su esencia. Más

Pedazos del alma

Y si no me quieres creer, no me creas. Pero ayer ví todos los pedazos del alma tan separados que lloré hasta que logré juntarlos todos. Todos… menos uno.

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