Un ejemplo para el mundo

Quité las noticias y salí de mi casa dando un portazo. Salí corriendo con las lágrimas resbalándome por las mejillas, rojas por la rabia. No paré hasta que sentí un dolor agudo en el estómago y no pude más. Me senté en el suelo intentando tranquilizarme y respiré hondo varias veces. Minutos después apareció Alberto jadeando. Me había estado siguiendo y ahora me miraba sin comprender por qué había salido de casa de esa forma. Se sentó a mi lado sin mirarme y nos quedamos en silencio unos minutos.

– No hace falta conocerte mucho para darse cuenta de que te pasa algo… – Me comentó preocupado.

Yo le miré y dudé antes de contestar.

– Llegué a este mundo llena de ilusiones y proyectos nuevos para mejorarlo. ¿Y qué me encuentro? Dolor, incredulidad, desconfianza, enemistad… Sí, reconozco que no es lo que esperaba encontrar. Pero eso no es lo peor de todo. Lo peor de todo es que los alegres, los buenos y los que dan confianza no se hacen notar. Pongo las noticias, ¿Y qué veo? Desastres, guerras, terroristas, corrupción… ¿En qué mundo de locos estamos? – Dije agitando las manos, desesperada.

Él sonrió negando con la cabeza y me cogió las manos. No me había dado cuenta hasta ese momento de que las tenía cerradas en un puño y me estaba clavando las uñas.

-Yo quiero pensar que sólo ponen cosas malas en las noticias porque las buenas son tantas que ya no son novedad. – Puse cara de extrañeza, nunca lo había visto de ese modo. – Mira a tu alrededor: guerras, pobreza, hambrunas, terrorismo… en el fondo todo el mundo sabe que algo no va bien. Pero se hace lo que se puede. Claro que se podría hacer más. Siempre se puede hacer más. No te agobies, yo pienso que este mundo lo que necesita es gente optimista.

-Este es un mundo triste…- Murmuré secándome las lágrimas.

Alberto soltó una carcajada y me miró sonriente.

-¿Triste dices? ¿Qué querías que pusieran en las noticias? “Señora sonríe porque un jovenzuelo le cede su asiento en el metro”… Eso no deberían ser noticias, eso debería ser nuestra rutina. Si quieres que sea un mundo triste, lo será. Y si quieres que sea alegre, pues lo será. La alegría y el amor supera cualquier cosa material, cualquier situación, pero tienes que querer superarlo. Si tú sonríes o haces reír a la gente, aunque estés triste o de bajón, esas personas sonreirán también, porque la alegría es contagiosa. Y ellos acabarán contagiándotela a ti. Por eso es tan importante estar siempre alegres, por mucho que algunas situaciones nos superen o nos agobien. Si crees que el mundo va mal tal vez es porque no han sabido tomar el ejemplo de la persona adecuada. Sé tú el nuevo ejemplo del mundo.

Entrada publicada el 11 de agosto de 2009 en Noches de Café (mi antiguo blog).

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