Un ejemplo para el mundo

Quité las noticias y salí de mi casa dando un portazo. Salí corriendo con las lágrimas resbalándome por las mejillas, rojas por la rabia. No paré hasta que sentí un dolor agudo en el estómago y no pude más. Me senté en el suelo intentando tranquilizarme y respiré hondo varias veces. Minutos después apareció Alberto jadeando. Me había estado siguiendo y ahora me miraba sin comprender por qué había salido de casa de esa forma. Se sentó a mi lado sin mirarme y nos quedamos en silencio unos minutos.

– No hace falta conocerte mucho para darse cuenta de que te pasa algo… – Me comentó preocupado.

Yo le miré y dudé antes de contestar. Más

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